Érase una vez allá por el año 1540, un pequeño de 7 años de la ciudad de Málaga llamado Ramiro Díaz se empezó a interesar por el mundo militar al escuchar numerosas anécdotas de los viejos Tercios de Flandes y de grandes militares como Gonzalo Fernández de Córdoba, más conocido como “El Gran Capitán´´ en una plaza de la ciudad, de hecho su padre falleció en la batalla de Cuzco, cuando él era aún más pequeño. Entusiasmado por ganas de aventuras y fama como aquellos militares de los que tantas horas había estado escuchando hablar de sus fabulosas historias y hazañas de leyenda, decidió que él también quería formar parte de los Tercios de Flandes y pasar a la historia como héroe español.

Una tarde se decidió a decírselo a su amada madre, esta se negó rotundamente, pues ya perdió a su marido y no quería perder a su hijo también. A esto se añadía que ella ya estaba en edad avanzada y tenía una hija pequeña, llamada María, y si a ella le pasaba cualquier cosa, Ramiro tendría que cuidarla. Tras una discusión por ese tema, Ramiro se va de casa enfadado y los ojos llorosos, se dirigió a una montaña a las afueras de la ciudad, desde donde se podía observar el mar y toda Málaga. Allí, se sentó y se apoyó sobre un árbol mirando el mar y empezó a pensar en su padre, que aspecto tendría, como sería su forma de ser, como falleció… Al levantarse para volver a su casa, miró al cielo y se juró que algún día formaría parte de los gloriosos Tercios y honraría a su padre y haría que se sintiese orgulloso de él y caería en combate si fuese necesario. Ocho años más tarde su madre falleció de una infección de una herida mal curada, sumidos en la pobreza pues al fallecer su madre perdieron la casa y no tenían dinero para comer, Rodrigo decide que es el momento de alistarse en el ejército, dejó a su hermana con el vecino, la dejó, pero con mucha tristeza y un sentimiento de culpa, le prometió que volvería con ella, además, le daría la mayoría de su salario de soldado para que no pasara tanta miseria.

Rodrigo se mudó a Toledo, allí esperó a tener la edad necesaria para entrar en los Tercios (20 años), mientras, se dedicó a ejercer numerosas profesiones para poder vivir y mandarle alguna parte a su hermana. Cuando por fin cumplió los 20 años, se alistó en la misma ciudad de Toledo, allí le asignaron su compañía y compañeros de armas. Al poco tiempo es destinado junto con su compañía a Flandes pese a no haber recibido más formación que la que le dieron de camino a su destino. Rodrigo tenía muchas ganas de batallar, pues le ansiaba obtener fama y riquezas, pero lo que Rodrigo no sabía, es que encontraría más penuria que lo que tanto ansiaba. Se escribió constantemente cartas con su hermana, y se preocupaba mucho por el futuro de esta, se contaban sus día a día, hablaban sobre qué harían cuando Rodrigo regresara a España con riquezas y fama y como Rodrigo la abrazaría al verla después de tantos años sin verse.  En el 1557, la compañía de Rodrigo y las tropas que se hallaban en los Países Bajos fueron requeridos para la invasión de Francia, en respuesta a la invasión de Nápoles por parte de los franceses durante las guerras italianas.

Rodrigo se encontraba nervioso, pero con ganas y dispuesto de combatir. La compañía de Rodrigo es dirigida a San Quintín, localidad francesa para asediarla. Se suceden los primeros combates, y Rodrigo solo ve sufrimiento, sangre y cadáveres. En las cartas que le envía a su hermana, no le cuenta nada de lo que ve, solo le dice que se encuentra bien y que todo va bien para que no se preocupara. Combaten ferozmente durante varios días, hasta que deciden entrar a la ciudad, porque no sabían cuánto aguantarían y las condiciones del ejército español no eran muy favorables ni del clima. Para entrar en la ciudad, necesitaban de alguien que saltara la muralla y abriera la puerta de la ciudad, Rodrigo es elegido para llevar a cabo la tarea.

Entonces a Rodrigo se le vienen abajo sus planes, pues la probabilidad de salir vivo de dicha misión era muy baja. Se llega al acuerdo de que la misión se producirá a primera hora de la mañana del día siguiente. Al siguiente día, antes de salir, Rodrigo le entrega a su mejor amigo, Miguel, una bolsa llena de monedas de oro para que se la entregara a su hermana, y le dice que cuide de ella si no consigue volver, ambos se despiden con un fuerte abrazo y apretón de manos. Rodrigo consigue acercarse a la muralla sin ser visto y empieza a trepar, cuando consigue llegar arriba de la muralla y se agacha para observar a su alrededor, Rodrigo es descubierto por un vigía de una torre de vigilancia, Rodrigo comienza a correr a su objetivo a la vez que los franceses empiezan a abrir fuego contra él, cuando se estaba acercando, Rodrigo cae al suelo por un impacto de bala en el brazo, pero consigue levantarse y llegar hasta la puerta, mientras la abría recibió un disparo en la pierna y vuelve a caer, sus compañeros estaban nerviosos, pues escuchaban disparos y no veían abrirse la puerta, una vez más, Rodrigo consigue terminar de abrir la puerta pero recibe otro disparo, esta vez en la espalda, que termina por arrebatarle la vida. Sus compañeros consiguieron entrar a la ciudad y acabar ocupándola con éxito. Dando lugar a la victoria de la Batalla de San Quintín.

Poco a poco la gran gesta se fue trasmitiendo por toda España, se hicieron canciones basada en la batalla, en Rodrigo, se celebraban fiestas y la historia se contaba a los más pequeños. Ya se hablaba de Rodrigo como héroe, pues sin su hazaña, no se podría haber entrado en la ciudad y obtener la victoria. Rodrigo vuelve a España con fama y riquezas, que le serían donadas a su hermana, regresó siendo recibido con aplausos y vítores, pero en un ataúd y sin poder conocer lo que se sentía al ser un héroe de España. En su entierro, Miguel, a quien Rodrigo le había dado la tarea de entregarle la bolsa con monedas de oro y que cuidara de su hermana, se acerca a esta y le da la bolsa, su hermana y Miguel se quedan mirándose fijamente a los ojos, entre los dos, surge un amor a primera vista. Finalmente, ambos se acabaron casando y tuvieron un hijo, al que pusieron de nombre Rodrigo, en honor a su tío, y una hija, a la que pusieron Isabel, en honor a la madre de Rodrigo y María, juntos, vivieron tranquilamente hasta el final de sus días, y Rodrigo pasó a la historia como personaje célebre de la Victoria de la Batalla de San Quintín.

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