Concurso de relatos: Caminos entrecruzados por Pedro Pablo Pérez Sánchez

Concurso de relatos: Caminos entrecruzados por Pedro Pablo Pérez Sánchez

Un día más, me encontraba en estas tierras dejadas de las manos de Dios, junto a mis hombres. No eran tiempos fáciles para nadie, desde el primer oficial del Estado Mayor al último tamboril padecían penurias y necesidades que eran muy difíciles de cubrir, pero aun así resistíamos y no decaíamos en nuestro empeño de resistir a los holandeses y sus infames aliados en este páramo en el cual no nos quiere ni el mismo sol.

Tras terminar de anotar esas reflexiones en sus diarios, el maestre de campo Francisco Arias de Bobadilla, salió de su tienda para inspeccionar el campamento y ver el estado de sus hombres y del material. Aunque su unidad no era de las que estaba en peor estado, ya que los soldados tenían paga y alimento de manera regular, si era verdad que no había habido últimamente oportunidades de trabar combate con el enemigo y el clima adverso hacía que los soldados vieran afectada su moral y su ánimo, pero Bobadilla sabía que debía de cambiar esa tendencia si no se quería llegar a situaciones más complicadas. El campamento donde estaban se situaba en un pequeño bosque bien cubierto y que estaba cercano a Brujas, lugar real del acuartelamiento de la unidad de Bobadilla, este se había llevado a sus hombres para realizar ejercicios y maniobras y así tenerlos ocupados y evitar que cayeran en los vicios y la holgazanería.

En ese momento de cavilaciones, un Sargento mayor del Tercio se acercaba a caballo a paso lento por el sendero que conducía al campamento. Tras bajar del caballo caminó directamente hacia Bobadilla, tras hacer el saludo le comunicó que una unidad enemiga estaba acantonándose en una aldea cercana con intención de hacerse fuerte y controlar la zona, la cual era un importante nudo de comunicaciones en el camino hacia Bruselas y Amberes. El Sargento era parte de una patrulla de las varias que Bobadilla había creado y dispuesto para vigilar el perímetro del campamento, y la situación reinante era del hastío y aburrimiento en ciertos momentos, que muchos oficiales y personal del Tercio como el Sargento Mayor que Bobadilla tenía delante se prestó voluntario para patrullar junto a parte de sus hombres y así sentirse soldado, por lo que parecía, no había sido en balde su misión

Bien Sargento-dijo Bobadilla con cierto tono de satisfacción- con esta información quizás podamos hacer una incursión para estirar las piernas y de paso dejar limpia esa aldea de rebeldes y así dejar expedito el camino a Bruselas y Amberes por ese sector, puede retirarse. Tras recibir de parte del Sargento un documento con indicaciones de lo que los exploradores habían podido ver, se retiró a su tienda e hizo llamar a uno de sus mejores hombres, un alférez de Sevilla de nombre Antonio Vega, aunque lógicamente todos en el Tercio y en el campamento lo llamaban Vega o alférez Vega. Este alférez era siempre uno de los hombres en vanguardia en las encamisadas en incursiones sorpresas, por lo que Bobadilla pensó que podría ser idóneo para liderar una incursión por sorpresa, pero esa vez sería diferente, ya que Bobadilla pensó que no vendría mal un poco de acción y acompañaría a sus hombres a tomar esa aldea.

Ese es el plan Vega-dijo Bobadilla tras explicarle al alférez el plan de manera detallada- hay que tomar esa aldea para limpiar de enemigos la zona y evitar que se hagan fuerte, seleccione a un grupo de hombres de confianza y avíseme cuando los tenga, mañana a medianoche lanzaremos el ataque. Al día siguiente, Vega comunicó que tenía a su equipo listo para la incursión, Bobadilla le ordenó presentarse en el linde del bosque a primera hora de la noche, irían andando a la aldea sin caballos, para poseer factor sorpresa al atacar. En total eran 50 soldados, todos ellos curtidos y expertos en este tipo de ataque. Bobadilla iba junto a Vega en vanguardia, caminando por senderos poco transitados y evitando a las patrullas enemigas. Finalmente llegaron a un montículo desde el cual podía divisarse la aldea, un lugar tranquilo, con no más de doce casas, un par de establos y un edificio más grande que podía ser el consistorio o una iglesia. Había centinelas repartidos por la aldea pero nada fuera de lo común. Justo cuando Bobadilla iba a ordenar el ataque, sonaron varios disparos de arcabuz y alaridos provenientes desde el bosque que había justo al otro extremo de la aldea.

Una turba de hombres gritando en español e italiano salió del bosquecillo y se lanzó contra la aldea, aunque estaban lejos, Vega pudo distinguir a un antiguo compañero de armas e invitó a Bobadilla a unirse al ataque, ya que, aunque el otro grupo había pillado por sorpresa al enemigo, no eran muchos, y todos iban con camisa blanca típica de esos ataques, por lo que podrían identificarse.

Ataquen, por Santiago y por España-bramó Bobadilla- sin cuartel ni piedad. Tras su orden, el grupo de hombres bajó y los defensores se vieron atrapados y sorprendidos, siendo vencidos en pocos minutos, la camisa blanca era ideal para identificar al compañero en ese tipo de batalla. Tras tomar la aldea, Bobadilla dejó a Vega al mando de la zona y pidió entrevistarse con el oficial al mando del otro grupo. Para sorpresa de Bobadilla, el líder del grupo era un inglés que hablaba perfectamente español y que, como Bobadilla, había recibido información sobre la aldea y había decidido neutralizarla.

Bienhallado seáis-dijo Bobadilla con tono sereno y cauto-, soy el Maestre de Campo Bobadilla, soy el oficial responsable de liderar el ataque con mi grupo a este lugar, me gustaría saber con quién hablo.

Encantado Maestre Bobadilla-dijo su interlocutor- mi nombre es Guido Fawkes y soy Alférez mayor, vine de Inglaterra para luchar al lado de España y sus aliados, aunque no creo que me quede mucho tiempo más aquí, tengo otros planes en Inglaterra alejados del mundo militar Maestre Bobadilla. En ese momento llegó un mensajero preguntando por Guy Fawkes, ya que era requerido en Bruselas por sus superiores para otra misión, al ser expertos en explosivos era un hombre muy útil para la guerra.

Bueno, es hora de partir, creo que me llevaré mis hombres conmigo y le dejaré esto a usted Maestre-dijo Fawkes con cierto tono divertido-, esperamos que esta guerra termine pronto y acabe victoriosa para nuestras armas. Acto seguido entró en el establo próximo y sacó un caballo con el cual se alejó no sin antes saludar de manera cortés y educada, como corresponde a un cargo superior, no sabía porque pero Bobadilla pensó que ese hombre daría que hablar en el futuro, aunque no sabía si para bien o para mal.

Tras capturar un cuantioso botín y numerosos prisioneros, dejo a un retén en la aldea y partió de nuevo a su campamento junto con Vega y algunos hombres. Tras descansar un poco en su tienda se sentó en su escritorio y se dispuso a anotar una serie de reflexiones en su diario, en cierto modo estaba cansado y las palabras de Fawkes retumbaban en sus oídos, esperando el también el fin de una guerra que parecía eterna. Terminando estaba de redactar sus pensamientos cuando entró Vega en su tiendas tras pedir permiso e informarle de que todo había concluido de manera satisfactoria.

Hemos capturado algunas piezas de artillería, municiones, un pequeño arsenal y algunas cartas y planos que he despachado junto a un mensajero a Bruselas para que den cuenta de ellos nuestros servicios de inteligencia –dijo Vega con precisión y serenidad-

Bien, puede retirarse Vega, enhorabuena por la misión, ha sido todo un éxito, escribiré una carta para su posible ascenso puede retirarse-dijo Bobadilla con un deje de euforia en su voz-. Tras quedarse solo de nuevo, abrió un libro de ilustraciones con multitud de mapas, uno de los cuales era de la ciudad de Sevilla, ciudad receptora de metales preciosos. Bobadilla, madrileño de nacimiento, hombre sobrio, tenía no obstante ese oculto deseo de visitar y vivir un tiempo, por un motivo u otro, la ciudad de Sevilla, y pensó que debía de cumplir ese sueño algún día. En un arrebato, hizo llamar a Vega y le pregunto qué tal era Sevilla, el alférez, un tanto atónito por la cuestión, se repuso y le expuso como era la ciudad y sus gentes, Bobadilla quedó encantado con la descripción y le expuso su deseo de visitarla, Vega le dijo que si eso ocurría el pediría traslado junto a su superior, tras tanto tiempo de servicio en Flandes. Pero Bobadilla solo pensaba ya en Sevilla su puerto, sus gentes y su sol radiante del cual le habían privado en Flandes… Meses más tarde ser produciría la famosa Batalla de Empel y diversas acciones que le granjearían gran fama y su nombramiento como asistente de Sevilla… Fawkes también haría Historia tiempo después pero de otro modo.

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