Asedio de Haarlem

Asedio de Haarlem

Álvaro González Díaz

Tal día como hoy, un 14 de julio de 1573 concluía el asedio de Haarlem. Un asedio que había comenzado en diciembre de 1572 y que se inscribe dentro del marco de la guerra de los Ochenta Años.

Ms de 7 meses de asedio que, finalmente, llegó a su fin de la mano del gobernador de los Países Bajos, Don Fadrique Álvarez de Toledo, hijo del Duque de Alba.

Las guerras de religión recrudecían la Guerra de los Ochenta Años y muchos nobles que eran fieles a Felipe II, ahora se habían pasado al bando de Guillermo de Orange quien se encontraba en Alemania. A partir de 1568, tras reunir un poderoso ejército, el de Orange lanzaría un gran ataque a los Países Bajos. En este contexto se inscribe el Asedio de Haarlem.

Las tropas orangistas habían tomado Mons en mayo de 1572, allanando el camino a sus aliados, los franceses hugonotes, que pretendían tomar los Países Bajos también. Sin embargo en septiembre de ese mismo año el Duque de Alba reconquistaba Mons.

Mientras tanto, la ciudad de Haarlem, a 20 km de Ámsterdam, la segunda más poblada de Holanda tras esta última, con 20.000 habitantes se sublevaba el 3 de julio de 1572 y los calvinistas ocupaban los cargos del gobierno.  Ámsterdam, por el contrario se mantuvo fiel a Felipe II, la principal ciudad de Holanda con unos 30.000 habitantes. Los orangistas intentaron poner sitio también a Ámsterdam, aunque fracasaron. En esta ciudad se mantenían 4 banderas de holandeses católicos leales al rey de España. A pesar de ello, el gobierno de Ámsterdam intentó negociar con el gobierno de Haarlem para convencerles de que volvieran a la causa de Felipe II, aunque no tuvieron éxito.

Ante el posible envío de tropas por parte del Duque de Alba contra la ciudad de Haarlem, Guillermo de Orange envió 4 compañías más, que llegaron a principios de diciembre de 1572. El 8 de diciembre el calvinista y fanático Philips van Marnix, llegaba a Haarlem con el cometido de “limpiar la ciudad de católicos”, así como de formar un gobierno protestante.

Fadrique Álvarez de Toledo intuyó aquel peligro que suponía una gran amenaza para las posiciones católicas y decidió tomar cartas en el asunto.

Desde julio de 1572 Fadrique tomaba una tras otras ciudades rebeldes, en noviembre tomaba Zutphen y el 1 de diciembre tomaba Naarden, entre otras ciudades.  En este contexto, Ámsterdam agotaba sus bazas diplomáticas enviando negociadores a Haarlem, aunque sin éxito. En esta ciudad, ya rebelde, se había sustituido la administración anterior por una administración afín a la causa protestante.

El asedio

El asedio de la ciudad de Haarlem comenzaba a mediados de diciembre de 1572 y el 18 de este mes la artillería pesada ya estaba dispuesta en primera línea de batería. El 20 se produce un intento de asedio que fracasa, obligando a Fadrique a tener que mantener un gran asedio si quería recuperar la ciudad.

Según los autores, la dificultad estaba en la incapacidad de aislar completamente la ciudad del exterior, un hecho crucial que permitió que el asedio se alargase.  Esto provocaba consecuentemente que los sitiados estuvieran provistos siempre recibiendo tanto provisiones como víveres y refuerzos.  Los refuerzos llegaban gracias a que Haarlem estaba muy próxima al rio Haarlemmermeer, el cual servía de vía natural que comunicaba a través de las barcas la ciudad con el exterior.  En este sentido, los sitiados aprovechaban sus salidas contra los españoles para aprovisionarse. A pesar de que los sitiadores eran los atacantes, había situaciones en las que estos últimos carecían de aprovisionamiento debido a escaramuzas rebeldes que cortaban el suministro a los españoles.

Ante tal situación pésima, ante las bajas españolas causadas por los rebeldes y ante la falta de provisiones, Fadrique decidió replantearse el abandono ante la poca paciencia que le quedaba ya. Este hecho provocó que escribiera una carta a su padre, el Gran Duque de Alba, en la que le avisaba de que en caso de prolongarse el asedio, lo levantaría. La contestación del gran duque, evidentemente no se hizo esperar. El Duque de Alba amenazó a su hijo obligándole a no abandonar tal asedio porque de hacerlo, el (Fadrique) ya no sería su hijo, que acudiría el mismo en caso de faltar su hijo y, sino, acudiría su propia madre en caso de faltar los dos, pero que Haarlem no se abandonaba.

En enero los españoles habían conquistado el revellín y se había iniciado, a la vez, una guerra de minas en la que los españoles intentaban volar las defensas de los sitiados.  Lo mismo hacían los holandeses que cavaban “contraminas” para evitar las explosiones de los españoles. A pesar de todo ello, el 31 de enero, de nuevo, se produjo otro asalto español que fracasó. A finales de marzo, la ciudad de Ámsterdam prestó ayuda a los españoles y estos pudieron cortar los suministros que llegaban a Haarlem por el rio.

Será el lago el principal problema de los españoles. A finales de mayo los españoles divisaron una flota rebelde en el lago que pretendía suministrar a los sitiados víveres y soldados. Fadrique mandó al estatúder de Holanda, el conde de Bossu, que construyera varios navíos. El conde los construyó rápidamente.

Entre 70 y 100 bajeles, según las fuentes, se dirigieron rápidamente al lago y dieron batalla. El enemigo contaba con 150 barcos pero la batalla se hizo al “modo español”, es decir, los españoles abordaron las naves enemigas entrando en escena la mejor infantería del momento, los Tercios Españoles. Los rebeldes se retiraban y con ello se ponía fin a la ayuda de los sitiados.

Todo ello provocó que los españoles recibieran más refuerzos así como la mejora en sus suministros. El cerco ya era un asedio en “toda regla”. Los sitiados comenzaban a tener hambre debido a la escasez de suministros. Fadrique esperaba rendir la ciudad por hambre. Un último intento se produjo a principios de julio cuando el Príncipe de Orange envió a unos 5.000 soldados con la intención de dar apoyo y enviar suministros a los sitiados. Un intento que le costó muchas pérdidas.

Los infantes españoles desfilaban ante los muros de la ciudad de Haarlem, ya sin esperanza alguna, con los estandartes capturados al enemigo. Con ello se entendía que no iban a aparecer refuerzos y que la situación estaba totalmente controlada. El 14 de julio de 1573 se rendía la ciudad.

Los sitiadores tuvieron que pagar una gran suma a los sitiados para evitar que las tropas de Felipe II saqueasen la ciudad. Unos 2000 rebeldes fueron ahorcados.

Consecuencias

El largo asedio de Haarlem fue una victoria militar española, pero moralmente fue también una victoria holandesa debido a su resistencia. Traería consecuencias negativas para la corona española ya que fue una empresa muy costosa en dinero y hombres.  Seria, sin embargo un golpe necesario para el mantenimiento de los Países Bajos, aunque la guerra continuaría desgastando a ambas partes. La resistencia y el ataque fueron heroicos ya que ambos mostraron sus cartas, enseñaron los dientes y pelearon con gran brutalidad.

España perdía a 4000 hombres de los cuales unos 800 eran veteranos de los tercios, unos hombres insustituibles por desgracia.

Según muchos autores, tras Haarlem, los soldados se amotinarían dos semanas después ante los impagos, consecuencia directa de este asedio tan costoso. Aún así, España seguirá manteniendo su hegemonía en Europa durante casi un siglo mas.

Haarlem pone de manifiesto que para mantener un asedio hace falta atrincherar todo el perímetro y cortar las vías de suministros. Era una época en la que los ejércitos de Felipe II se hallaban peleando constantemente ante el estallido de la Guerra de los Ochenta años.  Una guerra que traería muchos quebraderos de cabeza.

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