Entrada en Bruselas de Carlos V y Felipe II

Entrada en Bruselas de Carlos V y Felipe II

-Álvaro González Díaz

Tal día como hoy, un 2 de julio de 1549 el Emperador Carlos V entra en Bruselas acompañado de su hijo y heredero Felipe (Felipe II) para presentarlo, de manera cercana, en aquellos dominios que serán suyos.

Por estas fechas el emperador ya estaba cansado de la política y de la guerra, apenas le quedaban unos 7 años para retirarse al monasterio de Yuste (Extremadura) y, de esta manera, abandonar Flandes. Esta decisión favoreció que no solamente viajasen a Bruselas sino más bien a varias ciudades importantes de los Países Bajos españoles, siendo recibidos con grandes fiestas y celebraciones.

El 2 de julio, en Bruselas, la acogida fue tan grande que hubo una enorme celebración con la que se recibía al emperador y al futuro soberano de estos territorios. Dicha celebración se conmemora quinientos años después, la conocida fiesta del “Ommengang” de Bruselas donde la gente sigue festejando aquella llegada en la “Grand-Place”. Una fiesta muy colorida y vistosa que se realiza en julio y que pretende homenajear a Carlos V, entre otros, quien protagoniza los desfiles y representaciones históricas. La ciudad de Bruselas despliega todo su arsenal en estas celebraciones donde la gran participación de asociaciones históricas y de la ciudadanía se mezclan para hacer de esta fiesta una de las más atractivas de Bélgica. La gente se viste de época y recuerdan al emperador, los desfiles son multitudinarios, a los que cada vez acuden más turistas y amantes de la historia, y se suceden fiestas y homenajes por doquier, hay catas de cervezas, e incluso, justas ecuestres, entre otras cosas.

Este viaje en el que el emperador viajó con su hijo y heredero sirvió para que este último aprendiese todo lo que debía saber, para conocer a personalidades políticas y a sus gentes, para saber administrar todo un entramado territorial que le haría dueño y señor del mundo, el más poderoso soberano junto a su padre en el siglo XVI.

Lo que muestra este viaje, esta entrada en Bruselas es que tanto Carlos V como Felipe II tenían la necesidad de conocer bien los territorios que gobernaban, sus gentes, tradiciones, cultura, política, estilo de vida…, de esta forma será menos difícil gobernar ya que conocían, o se hacían una idea del cómo eran los territorios suyos.

Tras la entrada en Bruselas y su grandiosa acogida, Felipe II reinará estos territorios, igual que los territorios italianos y españoles, dando batalla constantemente para protegerlos, pues recordemos que Bruselas era una de las capitales administrativas, y, por supuesto de vital importancia, junto a Valladolid, desde donde se administraba la política y organización de aquel vasto Imperio Español. Sin embargo, Felipe II será soberano unos años después cuando su padre abdique en su persona. En 1555 Carlos V abdicará en su hermano Fernando (Fernando I) el territorio imperial mientras que en 1556 hará lo mismo para con su hijo Felipe (Felipe II) quien será soberano de los Países Bajos españoles, de los territorios italianos, borgoña, el Franco Condado, los territorios y enclaves africanos, las Américas, Filipinas, España y Portugal (y sus colonias) y, durante un breve periodo, Inglaterra, llegando a ser el hombre más poderoso e importante de su tiempo.

La visita a Bruselas se hacía de vital importancia debido a que era desde allí desde donde se controlaba militarmente a los enemigos de España como Inglaterra, Holanda y Francia, sobre todo, siendo un territorio muy rico y estratégico debido a que daba al mar por el norte y por el sur se controlaba a Europa y los territorios imperiales, aliados, toda una posición importantísima para poder controlar y administrar todo.

Así pues, aquel 2 de julio de 1549 Carlos V presentaba a su hijo Felipe a todos los súbditos y hoy en día gracias, entre otras cosas, a ese acto se sigue recordando la memoria del emperador y del monarca hispánico en aquella Gran Plaza, mediante grandes desfiles en los que ondea el aspa de Borgoña en todo lo alto, donde toda una ciudad se engalana, como hace 500 años, para recordar aquel pasado glorioso en el que España dominaba el mundo a través de sus tercios, a través de hombres de honor y valor insuperables.

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