Concurso Relatos: 8 de diciembre – por Jonatan Román

Concurso Relatos: 8 de diciembre – por Jonatan Román

Año de nuestro señor 1585. El conde al que han hecho maestre de campo, el mandamás en este fregao, nos dice que el dinero de su católica majestad llegará, pero que hay que seguir esperando. ¡Bah! Para qué quejarse. Al fin y al cabo mi compañero ya conoce todas mis maneras de ciscarme es sus muertos y ve cómo pago la mala leche que mamé con el paisano de por aquí.

Hay un revuelo ahí enfrente y no veo bien por qué será. Creo que han encontrado algo bajo este frío fango que me hiela las pezuñas. Tengo que acordarme de la madre del almirante Felipe, el que tiene unos apellidos que parecen el rebufo de un asno; por traer al mundo al hideputa que ha abierto las compuerta de los diques de estos ríos, y ha hecho que mis harapos pesen más por el agua helada que tiene esta tierra, siempre con cielo gris y encapotado. ¡Mil diablos la dobleguen en el infierno! Me gustaría quemar a su hijo para calentar estas ropas. Pero, ¿qué ven mis ojos?

¡Qué me reviente el arcabuz en los morros! ¡Es una tabla con la Virgen! Menuda suerte tienen esos cinco desgraciados. Si me llega a tocar a mí esa pala para cavar la trinchera en este pequeño montículo de barro, hubiese encontrado algo con lo que consolar mi estómago al intercambiarla por un chusco de pan viejo que poder masticar. Algunos maravadíes podrían darme… Ahora vendrá Bobadilla con sus aires de nobleza, ésas que le dan ocupaciones cuando debe arreglar lo malo, y buen olfato para estar en las buenas ocasiones; y nos soltará un chorreo caballeresco de alta cuna. Al menos le dijo al que manda la flota de ahí enfrente que se fuera a calentarle la oreja al principe Taciturno, que aquí morimos todos antes que llegar a España siendo lo impropio para un español: un cobarde con el pellejo sin cicatrices y la honra manchada para siempre. ¡Qué demonios! Tendré que rezarle a la madre del altísimo a ver si me saca de ésta…

El páter no ha tardado en ofrecer una misa improvisada en un altar hecho con barro y piedras, poniéndose al frente de una procesión que se ha sacado de la manga. Menuda estampa. Hijos de España muertos en este frío suelo esperando aún su sueldo, unos andando mientras el de sangre distinguida va a caballo, y otros que como yo no les queda otra que creer como nunca y arrodillarse ante el paso de la tabla, que nos da fe para creer en lo divino o esperar consuelo si nos vamos de este mundo. Mira aquellos, nos le queda más cruz que la de sus espadas boca abajo.

Veremos cómo pasamos la noche. Empieza a correr un viento helado que ya es compañero inseparable del soldado y su Tercio. Parece que llevamos el hambre, el pillaje, la valentía, el frío y la honra, como parte de la vestimenta, como si fueran las armas, la pólvora, el chambergo o el morrión. A ver quién pega ojo o tan siquiera cierra uno, con aquellos buques llenos de mal nacidos, esperando a que muramos por nuestra lastimosa fortuna o a merced de sus cañones. Maldito aire invernal que abofetea esta barba llena de canas congeladas.

¿Qué es lo que veo? ¿El río se hiela? ¡Bendita sea la madre de Dios que está de nuestra parte! ¡Muchachos despertad! ¡Dios es español! ¡Español os digo! Éstos hijos de mil leches van a saber lo que es arder dentro de sus barcos. Preparad el arrojo y el acero, la Virgen nos ofrece un camino para arrimarle la candela a estos hideputas. ¡Santiago, y cierra España! Bendita seas madre santa, bendita seas…

*La imágen es del pintor de batallas Augusto Ferrer-Dalmau, para homenajear el hecho histórico. La obra están disponible en la Academia de Infantería de Toledo (España).

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