434 aniversario del Milagro de la Inmaculada Concepción en Empel

434 aniversario del Milagro de la Inmaculada Concepción en Empel

“Los españoles. ¡Los españoles!…, esos hombres que quisieron ser demasiado” Nietzsche

“El viento gélido había congelado las aguas del rio Mosa y los flamantes barcos del almirante Holak, uno a uno, habían ido quedándose varados sobre el hielo, inmóviles…. El ambiente que se respiraba era de tensa espera y los centinelas holandeses permanecían ojo avizor vigilando los movimientos del tercio español que tenían, hasta aquella misma mañana, bloqueado y con el agua al cuello en la isla de Bommel….

Los holandeses no esperaban ningún ataque del tercio español, experto en encamisadas terroríficas. No serán capaces –se decían. Por aquella razón uno de los vigías que se encontraba en la cofa del palo mayor de la nave capitana holandesa, golpea el hombro de su compañero, rascándose al tiempo los ojos, incrédulo:

                -mira hacia Empel, Peter… ¿Qué es eso que se nos acerca…?

-¡Ummm…! parece un tercio español avanzando en cuadro, pero, ¡no puede ser!, tenemos a los papistas acogotados… ¡y con este frio…! ¡Bah, es imposible!

-¿Y eso que se oye retumbar?, ¿no son tambores…? (…)”

Manuel de Villegas, alférez abanderado en el Tercio de Bobadilla. Isla de Bommel, Flandes, 1585[1]

Se acerca la señalada fecha de nuestro puente de diciembre, unos lo llamarán el puente de la constitución, 6 de diciembre, y otros el puente de la Inmaculada, 8 de diciembre. Aunque ambas fechas sean correctas, voy a examinar la fecha del 8 de diciembre por ser más antigua y más importante, sin desprecio alguno a la constitución.

Ahora, bien ¿Qué pasó un 8 de diciembre para ser considerada una fecha importante?, ¿a qué se debe que el día 8 de diciembre sea el día de la Inmaculada? Os lo voy a contar queridos lectores. Y a partir de aquí sabréis por que sois y somos españoles, por qué en Europa, según qué zonas, no somos queridos y por qué el mundo calla y España olvida, desagradecida.

Nos trasladamos en la historia unos siglos atrás, concretamente cinco siglos y nos situamos en Holanda, en esa época parte del Imperio Español, en las Provincias Unidas. Y para ser más concretos en el cerro de Empel. Este será nuestro protagonista junto a una virgen que aparecerá después y a un grupo de temerarios españoles. Si amigos, no es por hacer apología del españolismo, aunque en estos tiempos todo da igual, y no es por despreciar a lansquenetes y tudescos no, más bien digo temerarios españoles porque son los que con su valor sustentaban el Imperio, siempre mal pagados y poco valorados pero sacando las castañas del fuego al emperador, echando más huevos que nadie a las tortillas y, eso sí, admirados por los demás, sean enemigos o aliados.

Vamos a continuar nuestra increíble historia, una de tantas ¿verdad España?

Estamos en Holanda en 1585 y los españoles tienen la misión importante de acabar con el ejército hereje. En plena guerra de los 80 años, el Tercio Viejo de Zamora o Tercio de Bobadilla va a realizar una de las mayores gestas de España, en el mundo, que asombró incluso al mismísimo Dios, créanme amigos. En resumen, para que os situéis, pues pocos o ningún país ha tenido la decencia de vender tan cara su piel, 5.000 españoles vencen a algo más de 10 navíos holandeses, los cuales queman y destruyen por entero.

8 de diciembre de 1585, Empel (actual Holanda), por esto somos españoles….

El territorio de Flandes era un punto estratégico para el imperio español y suponía una amenaza directa para Francia, Inglaterra y Alemania. Además la guerra de Flandes o Guerra de los 80 Años suponía el juego hegemónico en Europa y España no iba a dejarse vencer. Las continuas rebeliones de los protestantes holandeses desembocarían en esta guerra que acabara con la Paz de Westfalia en 1648 y con el reconocimiento de la Independencia de Bélgica y Luxemburgo. Mientras tanto, 15 años después de la batalla de Lepanto, en torno a los días 6 y 7 de diciembre de 1585 unos 5000 españoles combatían en la isla de Bommel, entre los ríos Mosa y Waal, comandados por el maestre de campo Francisco Arias de Bobadilla. Pero esto no es todo. Los españoles se encontraban bloqueados por una flota de unos 10 navíos, mientras resistían la continua artillería de los holandeses.

Cuando recuperó Amberes, en el verano de 1585, Farnesio se sintió en condiciones de acudir a las «islas de Gelanda y Holanda » cuyas poblaciones católicas oprimidas por los rebeldes protestantes le pedían auxilio. Farnesio mandó a los tercios a la isla de Bommel, situada entre los ríos Mosa y Waal y en respuesta a esta maniobra, el almirante rebelde  Holak situó su flota de 10 navíos entre el dique de Empel y la ciudad de Bolduque – Hertogenboch, bloqueando por completo a los españoles. Ahora el Tercio estaba al alcance de la artillería de la flota enemiga y sería fácil de rendir. Siendo realistas, el Tercio de Bobadilla no aguantaría mucho[2].

Reconociendo su superioridad y con objeto de evitar posibles bajas,  Holak buen conocedor de los españoles, les propuso una rendición honrosa, sin embargo la respuesta española fue contundente: “Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos”.

La altanería de los españoles provocó a  Holak  y decidió el exterminio total de los soldados españoles. Para ello, ordenó  abrir los diques del canal del rio Mosa, que trascurría por encima del nivel del campamento del Tercio, provocando así la inundación de la Isla de Bommel. Los españoles tuvieron el tiempo justo de refugiarse en el cerro de Empel, único lugar que quedó con tierra firme, pues el campamento y los pueblos de alrededor quedaron inundados. Allí fue donde se refugiaron los 5000 soldados del Tercio  para evitar morir ahogados. Todo ello con un frio casi polar, y mientras pasaba el tiempo más frio hacía, y el montecillo era cada vez más barro en vez de tierra.

Así las cosas, la flota de Holak comenzó a disparar contra los apiñados españoles. Sacó toda su artillería, arcabuces y mosquetes. La situación era realmente preocupante para los españoles, yo diría que limite. Los españoles mojados, sin leña y sin comida seguían resistiendo bravamente. Los soldados españoles estaban en clara inferioridad táctica, sitiados por completo por los holandeses y siendo ya presa fácil del enemigo. Sin embargo, a pesar de no tener escapatoria, decidieron clavarse al suelo y resistir hasta el final. Esta vez, haría falta un milagro de verdad para poder salvar sus vidas. Sin posible escapatoria habían decidido clavarse al suelo hasta el final. El Milagro de Empel.

Un joven soldado estaba excavando una trinchera en el movedizo barro hereje cuando de repente su pala golpeó algo que no era barro. Mientras el soldado rezaba en el agujero que realizaba, que posiblemente seria su tumba, encontró una tablilla en la que, al limpiarla el barro, estaba representada la virgen María, la Inmaculada Concepción había aparecido en el barro holandés[3]. En seguida, el tercio se reunió en torno a la tablilla que aquel soldado encontró y gritando ¡milagro! Rezaron. Pero no. Eso no era un milagro, era un regalo, como nos cuenta nuestro protagonista y testigo don Manuel de Villegas, el milagro vendría después. Una virgen que estaba enterrada en aquella zona hereje esperando a que los españoles la encontraran.

Aquella madrugada fría del día 8 de diciembre, tras haber rezado a la virgen en el improvisado altar que le habían hecho con banderas acribilladas y despedazadas, la bandera de la Cruz de Borgoña, y hambrientos, helados, temblando y sin esperanza de nada, los españoles por fin ven la luz. Una tregua. Pues mientras los españoles rezaban la madrugada se tornó más fría, las temperaturas comenzaron a bajar drásticamente hasta el punto de helar. Las aguas del rio Mosa, que antes les hacía prisioneros a los españoles, ahora se helaban, se solidificaban en forma de hielo resistente y grueso. Esto sí que era un milagro.

Los barcos holandeses quedaron atrapados en el hielo, inmóviles por completo. Ahora era la hora de los españoles, una hora que no dejarían escapar. Por supuesto. Los navíos herejes ahora estaban varados a merced de los españoles. El tercio, formando en cuadro, se lanza sin contemplaciones hacia los barcos flamencos. ¡Donde las dan las toman!

Así relata nuevamente Manuel de Villegas: “Junto al aspa de borgoña y junto a las picas y los arcabuces, junto a las espadas, venía con nosotros la tablilla de Nuestra Señora, y lo hará para siempre ya[4]”.

Los holandeses que se creían que aquella situación bien podría ser un sueño, no lo era. Sin parar de rascarse los ojos ven por el horizonte venir a los hambrientos y helados españoles, oyen retumbar los tambores, cada vez más cerca. Eso sí que ponía los pelos de punta. Pero sobre todo oían cada vez más fuerte a 5000 voces gritar: ¡SANTIAGOOOOO!, y otras 5000 replicar: ¡CIERRAAAA!

Lo que paso después ya lo sabéis y sino lo habréis adivinado. Los españoles, comandados por el capitán Cristóbal Lechuga, destruyeron todos los navíos, la mayoría de las bajas fueron holandesas pues los españoles apenas sufrieron bajas. En esta situación, Holak salió corriendo maldiciendo a Dios y a los españoles.

Los tercios combatieron con extrema contundencia animados por la sed de venganza por el asedio de los holandeses. Los rebeldes caían ante las armas españolas sin posibilidades de reaccionar. Los infantes españoles  tomaron prisioneros y capturaron y quemaron todos los  barcos de la flota enemiga[5].

Durante el 9 de diciembre el Tercio cargó con rabia contra el fuerte holandés situado a la orilla del río Mosa. La posición defensiva fue tomada por los españoles y los holandeses huyeron en desbandada aterrorizados por la furia de los arcabuceros y piqueros españoles. La  victoria española fue tal que el almirante Holak llegó a decir: “Tal parece que Dios es español al obrar tan grande milagro”. «cinco mil españoles que eran a la vez cinco mil infantes, y cinco mil caballos ligeros y cinco mil gastadores y cinco mil diablos[6]«. Tras ello, la Inmaculada acompañará hasta nuestros días como patrona a nuestro ejército español[7].

Pues bien amigos, es por ello que somos españoles, os guste o no. Por esto y por más razones que asombraron al mundo pero que aquí se esconden y callan, se silencian por temor a nuestra historia y por querer guardar las apariencias ante un mundo de lobos. Por eso estoy aquí para relatarlo, para evitar que nuestra memoria, grande e inacabada, se pierda en el horizonte de la mentira.


[1] Testigo presencial de “el Milagro de Empel”, recogido en VILLEGAS GONZALEZ, A., Hierro y Plomo, cuentos de los Tercios Viejos, glyphos, Valladolid, 2014, pp. 87-92

[2] http://www.grandesbatallas.es/batalla%20de%20empel.html

[3] ROJO PINILLA, JESUS A., Cuando Éramos Invencibles, el gran capitán, Madrid, 2015, pp. 67-69

[4] VILLEGAS GONZALEZ, A., OP. CIT.

[5] ROJO PINILLA, JESUS A., OP. CIT.

[6] http://www.grandesbatallas.es/batalla%20de%20empel.html

[7] MARTINEZ LAINEZ, F., Pisando fuerte, los tercios de España y el camino español, edaf, Madrid, 2012, pp. 181-186

Os dejamos, por último, un vídeo de la narración de la batalla este mismo año en Empel.

«Todas las picas suman, únete al cuadro»
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